Este texto condensa el análisis del equipo de Etnológica, con base en entrevistas semi-estructuradas y diversas fuentes de actualidad.

Escrito por Juliana Echavarría Restrepo y Paulo Ochoa Restrepo. Edición: Laura López Toro

                               Foto: Angela González.    http://cargocollective.com/angelagonzalez     https://instagram.com/angelasitag

En las dos últimas semanas de abril estuvimos reuniendo testimonios de familias con diversas condiciones psico-demográficas, buscando entender y reflexionar sobre la forma en que se han reconfigurado los roles en los hogares en plena cuarentena. Este texto complementa una serie de 3 posts sobre el tema, que han sido publicados en nuestras redes sociales durante la primera semana de mayo. Todos los relatos hablan de casos reales (en algunos modificamos los nombres de sus protagonistas) y quizá ilustran lo que muchos han estado viviendo en estos días inusuales.

Entre la incertidumbre, la sorpresa y la necesidad de reacomodarse durante los primeros días del confinamiento, era apenas obvio preguntarnos: “¿cómo nos organizamos ahora?, ¿cómo nos ponemos de acuerdo?, ¿cómo repartimos las funciones?”.

Convivir de tiempo completo en un mismo espacio, trasladar el trabajo, el colegio o la universidad a la casa o prescindir de servicios domésticos, obligó a las familias a ajustar rutinas y, en muchos casos, a pactar la distribución de las tareas domésticas. Mientras algunas de las familias que entrevistamos se coordinaron de forma espontánea y fluida, otras optaron por convenir (o imponer) normas y compromisos especiales para la cuarentena, por ejemplo, turnos para el aseo de la casa, plan semanal de comidas, lista de propósitos y tareas pendientes o, en un caso extremo, el “horario” de actividades diarias para compartir en familia.

Las reflexiones que nos suscitan esas experiencias que aquí compartimos, pasan por preguntas relacionadas con los roles de género, la creación o fortalecimiento de vínculos entre compañeros de casa o incluso entre vecinos, el aprendizaje tardío de ciertas labores domésticas, las cargas y la extensión de las jornadas de trabajo, el reconocimiento y la empatía por el trabajo de los otros, entre otros temas. Ahora sí, los invitamos a husmear un poco en algunas familias con distintas formas de asumir los roles y actividades en casa en estos meses inéditos de confinamiento.

Los roles y el género

¿Cómo hubiera sido la distribución de roles en las casas si la pandemia hubiera ocurrido dos o tres generaciones atrás? Esta primera inquietud nos remite a una escena arquetípica: un padre proveedor que “no se haya” en la casa, con pocas herramientas para trabajar (sin teletrabajo), inepto y desentendido de las tareas domésticas y probablemente exasperado con sus hijos; entretanto la madre, ama de casa, dedicada a su acostumbrado rol de lidiar con sus muchos hijos y atender además todos los deberes de la casa. Entonces ¿Qué tanto ha cambiado ese cuadro hoy?

          Ambos se esfuerzan, pero la sobrecarga es inevitable

Adriana, una de nuestras entrevistadas, nos cuenta que, a pesar de la preocupación y esfuerzo de Pablo, el cuidado y atención de los niños en la cuarentena ha recaído inevitablemente en ella. Ella trabaja para una institución cultural y él es profesional independiente. Dice “Él tiene que trabajar, se concentra y chao, es como si estuviera en la empresa. Todo lo que pase con la niña me toca a mí, pero igual debo trabajar el mismo tiempo que él. Yo la tengo todo el tiempo al lado y me demanda demasiado”. Aclara, eso sí, que Pablo se encarga de muchas de las labores del hogar: “cocina, limpia la casa, pero cuidar a Alicia (3 años) es otro cuento” y sentencia que “de esto, las mamás van a salir mínimo con una úlcera, una enfermedad mental y 5 años más envejecidas”.

Pablo no es el papá machista intransigente de la familia arcaica que pintábamos antes; sin embargo, los oficios domésticos que asume, de alguna forma se pueden planear, simplificar o postergar. En cambio, la misión de Adriana con la niña es permanente, más impredecible, más invasiva e inaplazable. Por eso, a pesar de que llevan un estilo de vida más contemporáneo, persisten actitudes ancladas a los roles de género tradicionales.

                               Foto: Angela González.    http://cargocollective.com/angelagonzalez     https://instagram.com/angelasitag

          ¿Sí se están transformado los roles?  

La autora feminista Jessica Valenti1 afirma con escepticismo que, aunque esta contingencia ha obligado a que más hombres asuman tareas domésticas o responsabilidades con sus hijos, esto no definirá un cambio estructural después de la cuarentena. Afirma que las mujeres seguirán administrando el hogar y llevando toda la carga mental que implica “desde estar pendiente de la próxima cita con el odontólogo, hasta saber cuándo tienen que volver a comprar papel higiénico. Ese tipo de trabajo, esencial pero invisible, será mucho más difícil que pase a manos de los hombres.”2

Consultada por el diario La Tercera, Carla Rojas, coordinadora de inclusión y género del Observatorio de Gestión de Personas de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, trata de ir más al fondo y explica que “los hombres no han sido educados, en su mayoría, para cuidarse a sí mismos y cuidar a otros”. Al verse ahora obligados a permanecer en casa, con la preocupación de mantener su rol de proveedores, se sienten presionados, “se sienten incómodos y suelen evadir, dejándole toda la responsabilidad de las tareas domésticas, de crianza y cuidado a la mujer3

          No hay que ser tan escépticos

Sin duda, en la mayoría de familias se manifiestan conductas enraizadas en esos típicos roles de género. Sin embargo, discrepamos de las citadas opiniones de Valenti y Carla Rojas, en cuanto desestiman los matices, cambios y realidades de sectores diversos de la población.

Sentimos pertinente cuestionar esas sentencias categóricas que presuponen un modelo hegemónico de familia completamente estático e invariable: en nuestras propias investigaciones, a lo largo de 15 años, hemos registrado una transición sustancial a nuevos tipos y estilos de vida familiar que admiten la flexibilización tanto de los roles de pareja como los de padres e hijos. Estos cambios graduales han sido propiciados por fenómenos que poco o mucho, han permeado las sociedades contemporáneas: mayores niveles de educación, interés y apertura a otras culturas, defensa de las libertades individuales, reconocimiento de la diversidad e inclusión, consolidación de nuevos tipos de familia, luchas y logros en la equidad de género, nuevas masculinidades, etc. 

En Colombia, más que en otros países andinos y centroamericanos, observamos señales de intercambio y redistribución consensuada de responsabilidades y tareas en las parejas y familias. En el video que acompaña este texto se aprecian varios testimonios de hogares en donde los roles siempre se han compartido con relativa equidad y el reacomodo en esta contingencia se dio de manera más fluida: padres que se alternan la limpieza del hogar y la preparación de alimentos, que establecen turnos para acompañar a los hijos y pueden relevar a sus parejas mientras estén en reuniones virtuales o en otros asuntos laborales o personales. En conclusión, para un grupo creciente de familias, hoy sería inaceptable aquella imagen inflexible y tosca de los roles de pareja tradicionales. 

                               Foto: Angela González.    http://cargocollective.com/angelagonzalez     https://instagram.com/angelasitag

Jornada triple: trabajadores, padres, amas de casa, profes…

Las jornadas “se han triplicado” para Luis y Mónica, que tienen dos hijos de 7 y 2 años. Tienen una buena condición económica y ahora están trabajando desde casa pero, según ellos, ha sido toda una odisea repartir su atención y tiempo entre el trabajo, los niños y las tareas domésticas (mercar, limpiar, cocinar, etc.). Enfatizan que, dentro de todos los nuevos desafíos, el obligado homeschooling con Samuel, que está en 2º grado, ha sido una locura para ellos. En tiempo récord tuvieron que tomar el lugar de los profesores de matemáticas, historia o ciencias naturales, reaprender lo olvidado y hacer un seguimiento más riguroso del proceso de aprendizaje de los niños.

Claramente lamentan la ausencia de la empleada doméstica y de la nana. Mónica siente que, si bien esta experiencia les deja un gran aprendizaje, también ha sido frustrante, pues concluye que, en últimas, “no puedo hacer nada bien del todo, termino dejando las cosas a medias”.

         Aprender y empatizar

Ahora que este tipo de hogares no tienen el soporte de las trabajadoras domésticas ni de sus familiares, se han visto obligados a responsabilizarse de ciertos oficios y tareas que nunca habían hecho. Familias así, coinciden en manifestar su inexperiencia, dificultad y a veces mortificación en tareas como lavar los baños, trapear (porque “con barrer no tenía problema”), sacudir, limpiar vidrios y paredes, organizar la cocina (“ahora sé que cocinar es la parte buena”), sacar la basura, desempacar las compras (con la nueva “tortura” de desinfectar cada producto), acomodar la alacena, porcionar y conservar los alimentos perecederos y muchas minucias por el estilo.

Seguramente muchos de ustedes también tienen sensaciones oscilantes frente a esas nuevas o desconocidas tareas: a veces suplicio, a veces aprendizaje, a veces rutina. Por accidente, han tenido que “ponerse en los guantes del otro”, lo que bien podrían convertir en un excepcional ejercicio etnográfico que consiste en percibir y entender el sentido, la exigencia, la “ciencia” o el quid de esos oficios “simples” para valorarlos y empatizar con quienes obligadamente lo hacen.

Cooperación inesperada: ¡los roomies se vuelven familia!

En nuestra exploración, llaman la atención esos cambios repentinos en hogares menos convencionales como el de Sara y Alejandro, que son roomies en un apartamento en Quinta Camacho en Bogotá. Antes de la cuarentena, su relación se limitaba a un “hola” o “chao” cada tanto, poco conocían de la vida del otro e incluso evitaban coincidir en el mismo espacio. Los gastos y dinámicas en el apartamento eran independientes: cada uno hacía sus compras, cocinaba, limpiaba y bastaba acordar el arriendo y el pago de servicios para sobrellevar la convivencia.

Mes y medio después los espacios comunes, antes evitados, tomaron vida porque ahora los comparten constantemente; se hacen compras y se cocina para todos: las especialidades y experimentos culinarios se volvieron una forma de unirse y manifestar afecto y preocupación por el otro. Como ambos llevaron a sus parejas a pasar la cuarentena en el apartamento, se convirtieron en una especie de familia extendida y ahora suelen hacer ejercicio juntos, ver “maratones” de series o disfrutar noches de copas y música.

 Conocer y cooperar con los vecinos

Muchas situaciones han propiciado empezar a estrechar los lazos y “hacer equipo” con los vecinos compartiendo gustos, oficios, diligencias, ejercicio físico y diversas formas de entretenimiento. A Sergio, como a muchos que viven solos, no le gusta ni siente habilidades para cocinar.  Ahora que se ha vuelto amigo de la pareja del 301 y de la familia del 303, ha logrado resolver esa dificultad pues casi a diario le comparten el almuerzo, al punto que él mismo también se ha motivado a cocinar.

Nos cuenta que también se turnan para sacar las mascotas y que frecuentemente él le hace las compras a los “abuelos del 301”. A partir de ese tipo de gestos y favores, se ha ido construyendo una relación de colaboración, cuidado y socialización entre hogares vecinos.

En otras publicaciones hemos compartido otros casos con formas diversas de relacionarse, cooperar y convivir en la cuarentena, pero el tema y la discusión quedan abiertos. En este punto es evidente que con acuerdos o sin ellos, con disposición o con resistencia, las dinámicas de vida de nuestros hogares cambiaron y no es un disparate preguntarnos si este confinamiento sea el hito que propicie la reconfiguración de roles más revolucionaria del siglo.

1  “Why Quarantine Could — But Won’t — Change Gender Roles at Home” de Jessica Valenti. Publicado en GEN – política, poder y cultura (21 de abril de 2020). (https://gen.medium.com/why-quarantine-could-but-wont-change-gender-roles-at-home-777e1a2206b6)

2 Cita original: “…from keeping track of the next dentist’s appointment to noting when the family needs to restock on toilet paper. That kind of essential but invisible work is going to be much harder to shift on to men.” (https://gen.medium.com/why-quarantine-could-but-wont-change-gender-roles-at-home-777e1a2206b6)

3 “Labores domésticas en cuarentena: nunca había peleado tanto con mi marido como este mes”. Por Patricia Morales. La Tercera (8 de mayo de 2020).  (https://www.latercera.com/paula/roles-de-genero-en-cuarentena-trabajo-domestico-corresponsabilidad/)